Cómo trabajo en terapia

Un proceso terapéutico claro, cercano y adaptado a ti

Es normal tener dudas antes de empezar

¿Tienes cierta inseguridad porque no sabes cómo funciona?

Es completamente normal. La mayoría de las personas que llegan a consulta suelen tener gran cantidad de dudas: «¿Qué voy a tener que contar?», «¿Me van a juzgar?», «¿Qué tendré que hacer?».

Quiero que sepas que no tienes que tener todas las respuestas antes de empezar. Mi trabajo consiste precisamente en guiarte para que las encuentres tú, a tu ritmo y desde tu propia verdad.

Por eso utilizo un proceso terapéutico claro, estructurado y, sobre todo, humano. No hay fórmulas mágicas ni protocolos rígidos. Hay un acompañamiento real, adaptado a ti y a lo que estás viviendo.

Te cuento a continuación cómo trabajo en terapia. Así sabrás exactamente qué esperar si decides dar el primer paso. Mi enfoque terapéutico está pensado para que te sientas acompañado en todo momento. Igualmente en la primera sesión gratuita, me gusta repasar esto por si existen más dudas, que pueda ayudarte a solventarlas.

¿Por qué un proceso estructurado?

Cuando alguien llega a terapia por primera vez, suele sentirse desbordado por emociones, pensamientos o situaciones que no sabe cómo gestionar. Mi objetivo es poner orden sin imposiciones, ofrecerte un mapa que te ayude a orientarte sin perder de vista que el camino lo marcas tú.

El proceso terapéutico que sigo se divide en tres fases claras, pero flexibles. No son compartimentos estancos: pueden solaparse o alargarse según lo que necesites. Lo importante es que en cada momento sepas dónde estás y hacia dónde vas.

Si quieres conocer más sobre mi enfoque terapéutico, te invito a leer el artículo dedicado a la [Psicología Agnitia: el significado del reconocimiento] , donde explico la base conceptual que sostiene mi forma de trabajar.

Las 3 fases de tu proceso terapéutico

01

Primera sesión gratuita

La primera sesión es gratuita, de 45 minutos y sin ningún tipo de compromiso. Piensa en ella como una primera toma de contacto, un cafélito (o una taza de té) donde nos conocemos y decidimos si hay feeling para empezar un trabajo juntos.

Tú me cuentas qué te trae. Puede ser una situación concreta (una ruptura, ansiedad en el trabajo, un duelo), una sensación difusa («no estoy bien pero no sé por qué») o simplemente curiosidad por conocerte mejor (el «estoy bien, pero quiero estar mejor»). No necesitas preparar nada ni tener un discurso perfecto. De hecho, mejor así para no entrar con expectativas. Yo te iré guiando con preguntas para entender tu momento vital.

Yo te explico cómo trabajo en terapia. Te cuento mi proceso terapéutico, las herramientas que suelo utilizar y resuelvo todas las dudas que tengas. Es importante que salgas de esta sesión sabiendo qué esperar si decides continuar.

No hay obligación de seguir. Si después de esta primera toma de contacto sientes que no encajamos o que no es el momento, no pasa nada. Te llevas la sesión como un regalo y cada uno sigue su camino. Si, por el contrario, conectamos, damos el siguiente paso.

A tener en cuenta: también, siendo honesto, puede que te diga que no puedo trabajar con tu caso. La realidad es que no domino todas las áreas. En este caso, puedo informarte de otros recursos o áreas especializadas que quizás podrían ayudarte.

Porque creo que decidir empezar terapia ya es un acto de valentía suficiente. No quiero que el dinero sea una barrera para conocer si puedo ayudarte.

Además, la relación terapéutica es el factor más importante para que un proceso funcione. Para que eso ocurra, necesito que tú también me elijas a mí después de haberme conocido. Y para que puedas elegir, primero tienes que conocerme. Por eso te ofrezco este espacio sin compromiso: para que puedas decidir con libertad, sin presión y sin haber invertido nada más que tu tiempo y tu curiosidad.

Y también, porque sé que dar el primer paso no es fácil. A veces, el simple hecho de tener que pagar por algo que no sabes si te va a servir puede ser un freno. Quiero que ese freno desaparezca y que solo estés tú y lo que necesitas. 

Y si después de la sesión decides que no es tu camino, no pasa nada. Tómalo como si nos hubiéramos tomado un café, habremos compartido un rato y, quién sabe, quizás te lleves alguna reflexión interesante. No hay pérdida posible. 

A tener en cuenta: por otro lado, y siendo honesto, puede que te diga que no puedo trabajar con tu caso. La realidad es que no domino todas las áreas. En este caso, puedo informarte de otros recursos o áreas especializadas que quizás podrían ayudarte.

02

Evaluación inicial
(2-3 sesiones)

Una vez que decides continuar, entramos en la fase de evaluación inicial del proceso terapéutico. Durante 2 o 3 sesiones (dependiendo de tu caso), exploramos a fondo tu situación actual, tu historia personal y los patrones que se repiten en tu vida.

Escucha profunda y activa. Simplemente hablamos, profundizamos y empezamos a conectar puntos que quizás no habías visto antes. Profundizamos un poco más en la temporalidad del problema, que acciones has intentado para solucionarlo, con que recursos cuentas.

En este bloque suelo utilizar si es necesario algún cuestionario o alguna técnica como el genograma (un tipo de árbol genealógico) para obtener información que me ayude a comprender tu contexto.

Identificamos qué te está pasando. Juntos ponemos nombre a lo que sientes: ¿es ansiedad? ¿baja autoestima? ¿un bloqueo? ¿estrés acumulado?

Te devuelvo una visión clara. En la última sesión de esta fase, te hago una devolución. Es decir, te explico qué está pasando, por qué creo que está ocurriendo y cuáles serían los pasos para abordarlo. Nada de tecnicismos ni diagnósticos que te asusten. Solo claridad. Esto es una guía de trabajo para lo que será el siguiente bloque, lo que ayudará a entender que haremos en las próximas sesiones.

Porque no se puede resolver lo que no se entiende. Muchas personas llevan años lidiando con síntomas sin saber de dónde vienen. Esta fase te da un mapa de tu propio territorio interior, y eso es el primer paso para transformarlo.

Además, esta fase te permite decidir con conocimiento de causa: una vez que sabes qué está pasando, puedes elegir si quieres trabajar en ello o no. La decisión siempre es tuya.

Si quieres conocer las diferentes áreas en las que puedo acompañarte, visita mi sección de Especialidades donde detallo los temas más comunes que trabajo.

03

Intervención y seguimiento
(hasta el alta)

Esta es la fase central del proceso terapéutico, la intervención propiamente dicha. Una vez que tenemos claridad sobre lo que está pasando, pasamos a la acción. Diseño herramientas específicas para ti, trabajamos los cambios y hacemos un seguimiento continuo hasta que consigues el alta.

Diseñamos herramientas a tu medida. No hay recetas universales. Lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra. Por eso adapto las técnicas a tu personalidad, tu ritmo de vida y tus objetivos. Pueden ser ejercicios de mindfulness, reestructuración cognitiva, trabajo con emociones, pautas de comunicación, etc.

Trabajamos en sesión y entre sesiones. La terapia no termina cuando acaba la hora. Te propongo pequeños ejercicios o reflexiones (por ejemplo, un diario de emociones, una pauta de respiración o un registro de pensamientos automáticos) para que integres lo aprendido en tu día a día. Así el cambio no se queda en la consulta, sino que se instala en tu vida real.

Hacemos seguimiento constante. Cada cierto tiempo revisamos cómo vas, qué está funcionando y qué necesita ajustarse. La terapia no es un camino recto: hay avances y retrocesos, y eso es parte del proceso. Mi papel es acompañarte sin juzgar, celebrando tus logros y sosteniéndote en los momentos difíciles. Es importante que también preguntes o des tu opinión si hay algo que no te convence del todo. De esta manera ambos iremos en la misma dirección.

Damos el alta cuando tú estás listo. El objetivo de la terapia no es que vengas indefinidamente, sino que aprendas a ser tu propio terapeuta. Cuando sientes que has adquirido las herramientas necesarias para gestionar tu vida por ti mismo, cerramos el proceso. Y si en el futuro necesitas volver, las puertas siempre están abiertas.

Depende de cada persona y de lo que traiga. Hay procesos que se resuelven en 3-4 meses y otros que se alargan más. Lo importante es que tú marcas el ritmo. No hay prisas ni plazos artificiales. Yo estoy aquí para acompañarte el tiempo que necesites.

Preguntas frecuentes sobre el proceso terapéutico

Esta es, con diferencia, la pregunta número uno. La respuesta es más sencilla de lo que crees: necesitas ayuda cuando sientes que lo que te está pasando supera tus fuerzas. Si esta respuesta te sabe a poco, puedes visitar [este enlace] donde profundizo un poco más sobre este tema. 

Puedes necesitar terapia si:

  • Sientes malestar de forma continuada: tristeza, ansiedad, irritabilidad o apatía que no se van.
  • Has notado cambios en tu día a día: problemas para dormir, pérdida de apetito, fatiga constante.
  • Tus relaciones están afectadas: te cuesta conectar con los demás o sientes que nadie te entiende.
  • Tienes pensamientos negativos recurrentes: te criticas duramente o sientes que no vales.

No hace falta tener un diagnóstico para merecer ayuda. La terapia es para cualquier persona que quiera vivir mejor.

No. Vas contando lo que te sientas cómodo en cada momento. La confianza se construye poco a poco. Yo no te voy a presionar. Mi papel es crear un espacio seguro para que tú decidas cuándo y cómo compartes. Si en algún momento te hago alguna pregunta que sientas que no puedes responder, solo dímelo y no habrá ningún problema.

Por supuesto. De hecho, también es este uno de los motivos de que la primera sesión sea gratuita. La mayoría de la gente llega con una sensación difusa de malestar sin saber ponerle nombre. Por otro lado, para eso sirve la fase de evaluación: para ayudarte a entender qué te está pasando.

Sí, y en muchos casos incluso más cómoda. La investigación científica respalda la eficacia de la terapia online para la mayoría de los problemas emocionales. Además, te permite hacer las sesiones desde tu entorno real, lo que facilita que lo trabajado en consulta se integre mejor en tu día a día.
Soy consciente de que muchas personas prefieren un trabajo presencial porque prefieren la naturalidad que ofrece la cercanía física. Lamentablemente en la actualidad no ofrezco un servicio presencial.

Es normal preguntarse esto. Durante las primeras sesiones, te haré preguntas para conocerte y entender tu situación. Algunas de las más comunes son:

  • ¿Qué te trae a terapia ahora? Para entender tu motivo de consulta.
  • ¿Has estado en terapia antes? Para conocer tu experiencia previa.
  • ¿Cómo es un día típico en tu vida? Para entender tu contexto.
  • ¿Qué esperas conseguir con la terapia? Para alinear objetivos.
  • ¿Cómo has estado lidiando con lo que te pasa? Para ver tus recursos actuales.

Todas estas preguntas tienen un propósito: ayudarme a entender tu historia y poder adaptar el tratamiento a ti

Esta es una de las preocupaciones más comunes. Siendo honesto, hasta yo, haciendo talleres a muchas personas me he quedado bloqueado. Y la respuesta es muy sencilla: no pasa nada. En mi caso, le he puesto algo de humor o simplemente lo he dicho claramente. Como suelo decir en estos casos, no tenemos a un guionista de serie o de película que nos ayude a saber que decir en todo momento.

Si te bloqueas, yo te ayudaré. La terapia no es un examen ni un interrogatorio. Es un espacio donde puedes estar como estés: con dudas, con silencios, con emociones a flor de piel. No hay una forma «correcta» de hacerlo.

Además, puedes prepararte antes de la sesión escribiendo algunas ideas o preguntas. Reflexionar sobre los cambios que quieres en tu vida puede ayudarte aclarar tus objetivos.

Tómalo como una relación sana entre tu y yo en donde no hay juicios por supuestos errores.

La relación terapéutica es uno de los factores más importantes para que la terapia funcione. Si no sientes confianza o conexión, es importante que lo comuniques. Si sientes que mi enfoque o trabajo no te convence, te intentaré ayudar a encontrar una alternativa. Esta puede ser ayudándote a encontrar otro enfoque trabajado por otros colegas que puede que te resulte más útil.

Es posible que después de algunas sesiones te sientas más vulnerable o incluso peor. Esto es normal y puede ser parte del proceso. La terapia implica confrontar aspectos de ti mismo que quizás habías evitado, y eso puede remover emociones.

Sin embargo, es importante diferenciar entre una incomodidad temporal y un malestar persistente. Si te sientes abrumado, háblalo con tu terapeuta. Juntos podréis ajustar el ritmo y las herramientas para que el proceso sea más llevadero.

Reserva tu sesión ahora

Primera sesión gratuita
Si después de leer esto sientes que has encontrado un espacio donde encajas, te invito a dar el primer paso.

¿Tienes dudas?
Escríbeme por WhatsApp